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4 de diciembre de 2012

"Elena". A mis dos vidas en tren.

Por un lado, un hijo alcohólico que vive con su mujer e hijo rozando o sobrepasando los límites de la marginalidad; por el otro, un marido y/o compañero de piso, según se mire, que vive en una casa de cierto lujo, con mucho dinero y sin ninguna preocupación salvo la enfermedad que padece; y en medio, Elena (excelente interpretación de Nadezhda Markina), una mujer que poco a poco nos va mostrando que tras esa apariencia de mujer-mayor-ama-de-casa, hay secretoes e intenciones.

Desconozco la situación político-social de la Rusia actual, pero desde el principio de la película comienza a fraguarse lo que al final se vislumbra, una crítica sigilosa pero punzante.

Con una fotografía, a manos de Mikhail Kritchman, (también trabajó en los dos films anteriores de Zvyagintsev, "El regreso" y "The banishment") mucho más interior que en los films mencionados, vuelve a poner de manifiesto que en eso de luces y lentes sabe lo que se hace.

Este último -por el momento- producto de Zvyagintsev no está a la altura de sus anteriores trabajos, pero poco le falta. Un 7 sobre 10.

29 de noviembre de 2012

"The banishment". El destierro familiar.

Andrei Zvyagintsev, tras haber obtenido éxito de crítica y de taquilla con "El regreso", el cual supuso se debit, se embarca en un segundo largo donde también podemos ver a una familia desestructurada o por desestructurar, un ambiente misterioso y una música que te mantiene en vilo durante todo el metraje.

En este caso nos habla de un destierro, más que un destierro físico se trata de un viaje hacia el desarraigo familiar. Un matrimonio con dos hijos que no juegan a ser una familia feliz. Todo empeora cuando la mujer le dice que está embarazada.

Si en su primer film fue Mikhail Kritchman el encargado de la que catalogaría como una de las mejores fotografías del cine contemporáneo, ¿por qué no iba a repetir en esta situación?. Vuelve a lograr un ambiente casi incatalogable. Planos generales que parace que vayan más allá de las aristas del plano y abracen la pantalla. De la misma manera que repite en la figura masculina, con un Konstantin Lavronenko espectacular, casi tanto o más que en "El regreso", con un papel algo similar en la rudeza de sus actos y sus gestos. Le sirvió para ganar el premio al mejor actor en Cannes 2007.

Con ganas de devorar su tercer y, hasta el momento último largo titulado "Elena". Tripite Mikhail Kritchman en la fotografía. Cine que por poco ameno que sea, es recomendable al máximo exponente. Un 7'5 sobre 10.

16 de noviembre de 2012

"El regreso". Me quito el sombrero.

El título hace referencia a la vuelta del padre al hogar tras doce años sin ver a su mujer y a sus dos hijos. Pero más que regreso del padre, la película nos habla de un viaje, un viaje más metafísico que físico; un viaje donde los protagonistas no tienen más que hacer frente a sus miedos e inquietudes dando el salto a su maduración- El severo padre quiere conseguir en pocos días lo que no ha querido hacer en doce años. Los hijos, preadolescentes, claro que tienen miedos, claro que han sabido vivir sin la figura de un padre y, precisamente por ello, se preguntan por qué ha tenido que volver. Quizás haya vuelto para ofrecerles la salvación, para liberarlos de ese miedo, aunque ellos no lo sepan. 

La figura del padre es como si se tratase de un Jesucristo salvador...Les ofrece vino, no les da pescado sino que prefiere que sean ellos los que lo pesquen, les lleva a una isla que no será más que el lugar donde ellos se liberen de las mordazas del miedo y, una vez hecho, ya podrá ir en paz con los brazos en cruz.

Soberbias interpretaciones de los tres protagonistas masculinos destacando por encima de todas la de Ivan Dobronravov, como el hijo pequeño. Transmite de una forma magistral la inocencia y la chulería que podría tener un niño de esa edad y salpicado de las mismas circunstancias. Konstantin Lavronenko, el padre y Vladimir Garin, el hijo mayor, no se quedan atrás ofreciendo al espectador unas impresionantes interpretaciones. Al fin y al cabo la película es ellos tres, ya que la madre y la abuela de los niños aparecen para que sepamos que existen, pero son pocos los minutos de metraje en los que aparecen.

El cuarto protagonista podría ser la fotografía; posiblemente una de las mejores fotografías que yo haya disfrutado del cine contemporáneo. Ayuda en sobremanera a crear un clima de tensión y de incertidumbre e incluso a olvidar ciertos momentos de la película de relativa lentitud. Lentitud que, a su vez, retroalimenta a la historia.

El film, que supuso el debut como director de Andrei Zvyagintsev, obtuvo el León de Oro en Venecia en el año 2003. Gran dirección, grandes interpretaciones, gran fotografía, gran guión y gran música. ¿Es para quitarse el sombrero?. Creo de verdad que sí. Un 8 sobre 10.