17 de marzo de 2012

"Una historia de Brooklyn". La sencillez y la calidad se cogen de la mano.


Por lo que he leido (y no visto) sobre la filmografía de Noah Baumbach, ésta es, de momento, su única película que merece ser destacada. En menos de 90 minutos de metraje se nos ofrece, con un guión muy bueno y unas interpretaciones a la par, un cúmulo de situaciones cómicas con un fondo más bien triste, pero desgraciadamente cada vez más a la orden del día.

Hay momentos que me recuerdan a "Kramer contra Kramer" sin caer en el dramatismo que ya de por sí tiene la propia historia, y otros a "American beauty", sobre todo en el "tiovivo" mental en el que se encuentran los dos progenitores de un matrimonio cuando éste debe terminar. No obstante, la película goza de una identidad propia; es cierto que no se le recordará como se hace a los otros dos films, pero eso también se debe, en parte, a la suerte del momento. Es del 2005, año muy prolífero para el buen cine ("Crash", "Buenas noches y buena suerte", "Munich", "Brokeback mountain", "Truman Capote"...), y ya se sabe que si no se tiene un buen padrino...

Tiene tintes de cine independiente aunque no lo sea: bajo presupuesto, corta duración, sin ningún efecto especial y actores de cierto reconocimiento pero sin llegar a ser superestrellas. "The squid and the whale" (el calamar y la ballena) nos llegó con el título de "Una historia de Brooklyn". -Aquí arpovecho para clamar a los cuatro vientos ¿por qué tienen los la fea manía de cambiar los títulos originales de las películas?, ¿no podrían dejarlos como están y, si acaso, poner un subtítulo con el título que se inventan?. Así quedaría: "El calamar y la ballena (Una historia de Brooklyn)". Luego el espectador que la recuerde con el nombre que quiera-.

Bernard Berkman (Jeff Daniels) y Joan (Laura Linney) son un matrimonio que se tambalea en la cuerda floja. Además de ser escritores y de que tienen dos hijos en común (Walt y Frank), no se parecen en nada más. Él era un prometedor escritor que se gana el poco pan como profesor de Universidad y ella es -en presente de indicativo- una prometedora escritora que va a publicar un libro. Quizás sea eso, el complejo de inferioridad de uno y el de superioridad de otra, lo que hace que el matrimonio se quiebre. Los hijos son, al final, quienes más sufren y, cada uno lo interioriza de una manera. Walt tiene 16 años y en un acto del instituto interpreta una canción ("Hey you" de Pink Floyd) alegando haberla escrito y compuesto él mismo. Frank es un preadolescente que actúa como si tuviera más años que su hermano; bebe cerveza y va dejando por distintos lugares restos de sus fluidos que, a la edad de 12 años, comienza a segregar el cuerpo masculino...

Con este panorama, Noah Baumbach, nos ofrece un producto notable cuyo guión pudo merecer el Oscar de 2005, en detrimento de "Crash" y cuyas interpretaciones son dignas de elogio. He visto a Jeff Daniels como nunca lo había visto (a veces me recuerda al "Nota" de "El gran Lebowski"). Laura Linney ya me gustó en "Mystic river" y en "Love actually", aunque creo que aquí se supera demostrando que una buena interpretación puede dar a una película (no superproducción) un reconocimiento especial. Y, por supuestísimo los dos actores que interpretan a sus hijos, Jesse Eisenberg (Walt -posteriormente lo vimos haciendo de Mark Zuckerberg en "La red social"-) y Owen Kline (Frank -hijo de Kevin Kline y Phoebe Cates-); quizá el que ponga la nota más cómica de toda la película. Por destacar algún actor más, también aparecen en papeles más pequeños William Baldwin y Anna Paquin. Un 6'5 sobre 10.

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